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LA EMBAJADA Y LOS CONSULADOS DEL ECUADOR EN LOS ESTADOS UNIDOS PROMUEVEN LA PROTECCION DE LOS DERECHOS LABORALES

Tuesday, August 27th, 2013

Con el propósito de brindar asesoría e información a la población ecuatoriana migrante en los Estados Unidos sobre sus derechos laborales y las instancias a las cuales podrían acudir en caso de alguna violación de sus derechos, la Embajada y los Consulados del Ecuador están realizando actividades de difusión y capacitación, en el contexto de la Semana de los Derechos Laborales, que tiene lugar del 26 al 30 de agosto.

Para tal efecto, los Consulados ecuatorianos, junto con las oficinas consulares de otros países latinoamericanos están realizando actividades para informar, a través de talleres dirigidos a la comunidad, a los ecuatorianos sobre sus derechos laborales, las regulaciones federales y estatales sobre horas extras, jornadas de trabajo, salarios justos, normas mínimas de seguridad en el trabajo, la protección de todos sus derechos y los mecanismos que existen para evitar discriminación por cualquier motivo. Asimismo, estas actividades serán propicias para identificar a ecuatorianos que se encuentren en situación de vulnerabilidad y que requieran asistencia o asesoría en el ámbito de los derechos de los trabajadores.

Funcionarios del Departamento de Trabajo, de la División de Horas y Sueldos, de la Sección de Seguridad Laboral, de la Oficina de Igualdad de Oportunidades en el Empleo, entre otros, participarán como expositores en esos cursos de capacitación organizados por los Consulados, y que se impartirán a lo largo de toda la semana. Bajo el lema “El trabajador del nuevo siglo: Tu educación y trabajo cuentan”, se enfatizará en el valioso aporte que brindan los jóvenes migrantes al desarrollo de los Estados Unidos.

A manera de ejemplo, el Consulado del Ecuador en Atlanta invita, conjuntamente con el Consulado de México, a las conferencias que se están dictando en las mañanas, de 9 a 1 de la tarde. https://www.facebook.com/photo.php?fbid=375324032596309&set=a.169628869832494.34993.100003561458781&type=1&theater
Asimismo, el Consulado del Ecuador en Nueva Orleans ha publicado el calendario de actividades en su página de Facebook https://www.facebook.com/pages/Consulado-del-Ecuador-en-New-Orleans/132039266896217?fref=ts

Invitamos a la comunidad ecuatoriana a participar en estos eventos con ocasión de la Semana de los Derechos Laborales. Para tal efecto, les solicitamos tomar contacto con el Consulado de su jurisdicción, para obtener información precisa sobre las actividades que se están desarrollando.

La defensa de los derechos de los trabajadores migrantes, independientemente de su condición migratoria, es una de las prioridades para la Embajada y los Consulados ecuatorianos en los Estados Unidos.

Washington, 27 de agosto de 2013


Carta de una estudiante ecuatoriana en los Estados Unidos

Monday, August 26th, 2013

Estimado lector,

Soy Lizette Ponce, ecuatoriana, de veinticinco años actualmente cursando mis estudios de maestría en Desarrollo Internacional en la Universidad de Pittsburgh, Pensilvania, como becaria Fulbright-Senescyt. Este es un breve recuento de mi experiencia como estudiante internacional en los Estados Unidos, con el que espero motivar a otros jóvenes a presentarse a las distintas convocatorias de becas estudiantiles que hoy en día promueve el Gobierno del Ecuador con el propósito de aumentar los niveles de formación profesional y de investigación en el país.

Estudiar en el extranjero es una aventura, y como toda aventura tiene momentos críticos; inicialmente al emprender el viaje, se siente como un salto al vacío. Mi aventura comenzó hace un poco más de un año, cuando abordaba el avión con un par de maletas, un plan de estudio de dos años y el objetivo fijo de multiplicar mis perspectivas personales, culturales y profesionales.

La primera parada fue la Universidad de Virgina Tech en el pequeño pueblo de Blacksburg, donde participé en un programa pre-académico, en el cual compartí tres semanas con becarios Fulbright de veinticinco países. Mi corta estadía en Blacksburg fue una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido, tan provechosa e intensa que sentí el tiempo pasar más lento sólo para que nosotros pudiéramos conocernos y aprender uno del otro. Un recuerdo persistente fue vivir de cerca la experiencia del Ramadán Musulmán y tratar de entender los motivos para este sacrificio. Especial mención merece mi compañera de cuarto, una joven musulmana de Omán, un país del que apenas tenía conocimiento, ella ayunó la totalidad de nuestra estadía, desde el alba hasta la puesta de sol. Fadhila, entretenida por mi curiosidad, me explicó cómo esta práctica, que venía llevando a cabo anualmente desde la adolescencia, era un proceso de purificación de cuerpo y mente. En esta diaria interacción y vivencia con gente de todos los continentes aprendí más del mundo de lo que cualquier libro me hubiera podido enseñar, fue conocer cosmovisiones actuales de la comunidad internacional directamente de los labios de estudiantes que como yo, tenían especial interés por lo que pasa en el mundo y en cada uno de sus países, motivándome a un esfuerzo mayor por ser una excelente representante de mi país.

Ya en Pittsburgh, el tiempo se aceleró y no se detuvo si no hasta terminar mi primer año. Pese a haber llegado preparada para ello, el ritmo de trabajo y exigencia fue agotador pero gratificante a la vez. Por más de una ocasión sentí que inundaban la cantidad de lecturas, deberes y demás actividades. Fue difícil aprender a balancear y organizar eficientemente mi tiempo. Lo grato al fín, ver cómo el esfuerzo y dedicación pagaba bien, poco a poco volviéndome mas ágil y eficiente mientras hacía. Lo que al principio me tomaba cuatro horas empezó a tomar sólo dos y mi manejo del inglés se volvió más preciso.

Lograr pasar, mentalmente, del español al inglés, no resultó tarea fácil. La forma de escribir, organizar ideas y desarrollar ensayos en los dos idiomas es tan distinta que por algunos meses me sentí atrapada en un limbo lingüístico. Dentro de las aulas, aprendí tanto de profesores como de compañeros, con distintos perfiles culturales y académicos. Las dinámicas en este tipo de ambientes son muy productivas, ya que impulsan el desarrollo de debates profundos y académicos. Fuera de las aulas, mis amigos se volvieron mi familia y apoyo. Fue, en gran parte, gracias a ellos que este año, a pesar de estar lejos del Ecuador, me sentí como en casa.


Debo reconocer además que, si bien disfruto del entorno académico y teórico, mi verdadero interés está en la aplicación práctica de lo aprendido. Una pasantía de verano en la Embajada de Ecuador en Washington DC. me dio la oportunidad de mirar el otro lado de esta moneda. Pasé por los diversos servicios de la Embajada y descubrí que para cada uno de ellos se requiere habilidades especiales. Uno de los proyectos más interesantes en los que la Embajada estaba trabajando, en colaboración con las oficinas comerciales, era la promoción de la Campaña Keep Trade Going que busca fomentar el intercambio comercial entre Ecuador y Estados Unidos y así expandir el espectro de socios comerciales y productos tranzados. Se me permitió contribuir a la búsqueda de información para la formulación de análisis de política, experiencia plenamente fascinante, al igual que el apoyo brindado al despacho de la embajadora donde pude aprender y vivenciar un poco de los entretelones de la diplomacia, así como del trabajo de los expertos de áreas. Lo dicho, sumado a poder aprovechar las actividades que diariamente ofrece Washington, DC tanto en temas académicos como de entretenimiento, resultó invaluable.

Como he tratado de plasmar en este pequeño relato, mi experiencia del último año, como estudiante internacional en Pittsburgh y pasante en la Embajada del Ecuador en Washington, ha sido desafiante, gratificante y motivadora. He aprendido mucho, tomando conciencia de la necesidad de mantenerme activa, leyendo permanentemente, actualizándome, y formando parte de grupos de discusión para ir formando sólidos criterios. He comprobado que el rigor académico y la conciencia social son fundamentales para nuestra mejora continua, el cumplimiento de nuestros sueños, y el desarrollo de nuestros países.

La alta dedicación, que los estudios de maestría demandan, es un esfuerzo que sin duda ha valido la pena. Estoy segura que al cabo de este año lectivo, cuando regrese a Ecuador, podré insertarme en los distintos espacios que promueven el desarrollo humano y mejoramiento de las condiciones de vida de los diferentes grupos sociales en el país.

Sinceramente,

Lizette Ponce


The Dream of a New Generation!

Monday, August 26th, 2013

Daniela Martinez, was born and raised in Quito, Ecuador. After finishing her high school in Ecuador, her family moved to the United States during a time of great uncertainty, according to her. “I don’t know if people can remember, but during the early 2000s there was a period where Ecuador experienced great insecurity”, she said. “Yet, that period of history allowed me to come to the United States and pursue a career in engineering a topic that was always of great interest to me.”

Like many children of immigrant families, the first time Daniela came to the United States, she experienced a cultural shock that expanded her passion and interest in social studies and molded her perceptions of what constituted to be a developed country. “My father wanted my sisters and I to get the opportunity to study in a university in the United States” she explained ‘in a way, his dream came true.”

However, her love for Ecuador did not end there. “The most difficult thing about leaving my country was that my family was not here. I am fortunate to have my parents and sister supporting me, but I really miss the rest of the family that I grew up with,” Daniela said.

Once she was ready to start her college studies, Daniela obtained the prestigious Jack Kent Cooke scholarship she recalled, “it’s a scholarship that allowed me to focus on my studies, to obtain a top-notch education, and to pursue my dream of going back and helping the poorest Ecuadorian communities.”

Because of her desire to help people, Daniela decided to pursue a Masters degree in Science in Engineering and Environmental Engineering at the prestigious Johns Hopkins University. “When I came to the United States, I was trying to choose the right school for me and realized that I wanted a career that would responsibly help people, and Johns Hopkins offered exactly what I was looking for,” she said.

While pursuing her Masters Degree, Daniela led the Hopkins’ chapter of Engineers Without Borders (EWB). During her leadership, she led a pilot program to develop the Santa Rosa de Ayora Children’s Center in Ecuador. By the time construction began, in December 2011, Martinez had been hired by Environmental Resources Management (ERM), and couldn’t travel with other team members to take part in construction. But she monitored the project from afar, and rejoiced when the Children’s Center finally opened its doors to children in November 2012.

Today, Daniela works at the ERM organization where she analyses and supports the implementation of environmentally and socially responsible projects in Latin America. “It’s gratifying to know that I am not only supporting the efforts of socially inclusive and environmentally sound engineering projects that have been funded by the World Bank, IMF and other renown institutions.” she said with pride “but also my work has a direct impact in helping poor communities in Latin America, this fills me with a pride which can’t be described.”

When asked, why she chose this path she said, “when I was a little girl, my dad used to take me on medical trips, he used to travel across Ecuador helping the sick in poor communities” she paused and added “as we returned from one of these trips and were in the middle of nowhere, a group of children suddenly appeared and stopped stop the car. That situation made me see the injustice in the world and I made it my mission to help people who are less fortunate than I am.”


¡El sueño de una nueva generación!

Monday, August 26th, 2013


Daniela Martínez, nació y creció en Quito, Ecuador. Después de haber terminado la escuela secundaria en el Ecuador, su familia se mudó a los Estados Unidos durante una época de gran incertidumbre. Según ella. “No sé si la gente puede recordar, pero durante la primera parte del año 2000 hubo un período en el que Ecuador experimentó gran inseguridad”, dijo. “Sin embargo, este período de la historia me permitió mudarme a los Estados Unidos y perseguir una carrera en ingeniería, un ciencia que siempre fue de gran interés para mí.”

Como muchos niños de inmigrantes, la primera vez que Daniela llegó a los Estados Unidos, experimentó un choque cultural. Este choque amplió su pasión e interés en los estudios sociales y moldeó su percepción de lo que constituye ser un país desarrollado. “Mi padre quería que mis hermanas y yo nos eduquemos en una universidad de los Estados Unidos”, explicó “en cierto modo, su sueño se hizo realidad.”

Sin embargo, su amor por Ecuador no terminó ahí. “Lo más difícil de salir de mi país es que mi familia no estaba conmigo. Tengo la suerte de estar con mis padres y hermanas quienes me apoyan, pero me falta el resto de la familia con la cual yo crecí , dijo Daniela.

Una vez que estuvo lista para comenzar sus estudios universitarios, Daniela obtuvo la prestigiosa beca Jack Kent Cooke. “[La} beca me permitió concentrarme en mis estudios, para obtener una educación de primera calidad, y perseguir mi sueño de volver y ayudar a las comunidades más pobres del Ecuador, " dijo Daniela.

Además de continuar su maestría, Daniela dirigió el capítulo de Ingenieros de Hopkins Sin Fronteras (ISF). Durante su liderazgo, dirigió un programa piloto para desarrollar el Centro Santa Rosa de Ayora para la Infancia en el Ecuador. Cuando comenzó la construcción, en diciembre del 2011, Martínez había sido contratada por la organización Environmental Resources Management (ERM), y no podía viajar con otros miembros del equipo para participar en la construcción. Pero siguió involucrada en el proyecto a distancia, y se regocijó cuando el Centro Infantil finalmente abrió sus puertas a los niños en noviembre del 2012.

Hoy en día, Daniela continúa trabajando en la organización de ERM en la que analiza y apoya la implementación de proyectos de responsabilidad ambiental y social en América Latina. “Es gratificante saber que yo no sólo estoy apoyando los esfuerzos de los proyectos de ingeniería de la inclusión social y el medio ambiente que han sido financiados por el Banco Mundial, el FMI y otras instituciones de renombre“, dijo con orgullo, “sino que también mi trabajo tiene un impacto directo en ayudar a las comunidades pobres de América Latina, esto me llena de un orgullo, el cual no puede ser descrito através de simples palabras”.

Cuando se le preguntó por qué eligió este camino, Daniela dijo, “cuando yo era una niña, mi padre me dejaba acompañarle en sus viajes médicos, él solía viajar por Ecuador para ayudar a los enfermos en las comunidades pobres“, hizo una pausa y agregó “cuando volvíamos de uno de estos viajes, y estábamos en el medio de la nada, un grupo de niños bien pobres, de repente aparecieron y pararon el carro para pedir limosna. Esta situación me hizo ver la injusticia en el mundo, ahí es cuando se volvió mi misión el ayudar a las personas que son menos afortunadas que yo.


Letter from an Ecuadorian student in the United States

Monday, August 26th, 2013

Dear reader,

I’m Lizette Ponce, a twenty-five year old Ecuadorian currently pursuing my MBA in International Development at the University of Pittsburgh, Pennsylvania, as a Fulbright-Senescyt Scholar. This is a brief account of my experience as an international student in the United States, with which I hope to encourage other young people find out about the Government of Ecuador’s various student scholarship programs designed with the purpose of increasing levels of training and research in the country.

Studying abroad is an adventure and initially undertaking the journey can feel like a leap. My adventure began a little over a year ago, when I boarded the plane with a couple of suitcases, a plan and two-year fixed objective to multiply my personal, cultural and professional perspectives.

The first stop was the University of Virgina Tech in the small town of Blacksburg, where I participated in a pre-academic program in which I shared three weeks with Fulbright scholars from twenty-five countries. My short stay in Blacksburg was one of the most rewarding experiences I’ve had, so rewarding and intense that I felt the time go slower just so we could meet and learn from each other. A lingering memory was learning about Muslim Ramadan and trying to understand the reasons for this sacrifice. Special mention my roommate, a young Muslim of Oman, a country I barely knew. She fasted our whole stay from dawn to sunset. Fadhila, entertained by my curiosity, explained how this practice, which she had held annually since adolescence, was a process of purification of body and mind. During this everyday interaction and experience with people of all continents of the world, I learned more than any book could have taught me. I had the opportunity to learn about current worldviews in the international community directly from students like me that have a special interest in what was happens in the world and in each of our countries. This motivated me to put a greater effort into being an excellent representative of my country.

Back in Pittsburgh, time went faster and did not stop not until I finished my first year. Despite having come prepared for it, the pace of work and demand was exhausting but rewarding at the same time. On more than one occasion, I felt flooded by the number of readings, homework and other activities. It was hard to learn to balance and organize my time efficiently. I am pleased that finally, after much effort and dedication, I gradually became more agile and efficient. What at first took me four hours began to take only two and my English skills became more precise.

Going through the language transition, mentally, was not easy. The way you write, organize ideas and develop tests in both languages ​​is so different that for a few months I felt trapped in a linguistic limbo. In the classroom, I learned both from teachers and from peers with different cultural and academic profiles. The dynamics in these environments are highly productive, and drive the development of deep and academic debates. Outside the classroom, my friends became my family and support. It was largely thanks to them that this year, despite being far from Ecuador, I felt at home.

I also recognize that, while I enjoy the academic and theoretical environment, my real interest is in the practical application of learning. A summer internship at the Embassy of Ecuador in Washington DC gave me the opportunity to look at the other side of this coin. I went through the various services of the Embassy and found that each of them requires special skills. One of the most interesting projects in which the Embassy was working in collaboration with commercial offices, was the promotion campaign Keep Trade Going that seeks to promote trade between Ecuador and the United States and expand the range of partners and projects with the US. I was allowed to contribute to finding information in the formulation of policy analysis, a fascinating experience. I also got the opportunity to support the ambassador’s office where I learned and experienced a bit of the behind-the-scenes of diplomacy and interacted frequently with the work area experts. In addition to taking advantage of the daily activities that Washington, DC offers, both in academics as entertainment, was an invaluable experience.

I tried to capture in this little story, my experience of the last year in Pittsburgh as an international student and intern at the Embassy of Ecuador in Washington—it has been challenging, rewarding and motivating. I learned a lot and became aware of the need to stay active, constantly reading, being up-to-date, and forming part of discussion groups in order to solidify my criteria. I have found that the academic rigor and social awareness are fundamental to our continuous improvement, fulfilling our dreams, and the development of our countries.

The high dedication that require graduate studies is an effort that has certainly paid off. I’m sure after this school year, when I return to Ecuador, I can insert myself in different spaces that promote human development and improvement of living conditions of different social groups in the country.

Sincerely,

Lizette Ponce